Aparte de su belleza estilística, el juramento hipocrático original que vimos en nuestro anterior post (puedes leer el juramento completo en Los orígenes del juramento hipocrático: Hipócrates de Cos) nos deja varias frases muy interesantes que sintetizan lo que debe ser la ética médica.

 El juramento empieza poniendo a los dioses como testigos. Después el nuevo médico muestra su respeto hacia aquel que le ha enseñado el arte de la medicina (A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres) y se compromete a transmitir su conocimiento a generaciones venideras sin buscar réditos económicos (enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo).

Quizás la parte esencial del juramento sea en la que se establece la que es la regla más importante en medicina, actuar siempre en beneficio del enfermo: A cualesquier cosa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, obteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de la lasciva con las mujeres u hombres libres o esclavos. A la vez que introduce un pilar fundamental en la relación médico-paciente, la confidencialidad: Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deban ser público, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas.

Tampoco faltan los pasajes polémicos. Por ejemplo, muchos han querido ver una condena a la eutanasia y el aborto en este párrafo:

A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer supositorios destructores; mantendré mi vida y mi arte alejado de la culpa.

Convencion de Ginebra
La declaración de Ginebra actualizó el juramento.

El juramento hipocrático médico, la versión actual o moderna

Los tiempos cambian y el juramento hipocrático se ha ido adaptando a la ética imperante en cada momento. Durante la convención de Ginebra de 1945 se redactó un moderno juramento hipocrático, muy influido por las atrocidades cometidas durante el nazismo:

En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.

Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento del que son acreedores.Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí.Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos.

No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase.

Tendré absoluto respeto por la vida humana.

Aún bajo amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.

Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.

Otra versión más actual del juramento médico hipocrático fue redactada en 1964 por el Dr. Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, y es la que más se usa en las facultades de Medicina anglosajonas:

Prometo cumplir, en la medida de mis capacidades y de mi juicio, este pacto. Respetaré los logros científicos que con tanto esfuerzo han conseguido los médicos sobre cuyos pasos camino, y compartiré gustoso ese conocimiento con aquellos que vengan detrás. Aplicaré todas las medidas necesarias para el beneficio del enfermo, buscando el equilibrio entre las trampas del sobretratamiento y del nihilismo terapéutico. Recordaré que la medicina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico. No me avergonzaré de decir «no lo sé», ni dudaré en consultar a mis colegas de profesión cuando sean necesarias las habilidades de otro para la recuperación del paciente. Respetaré la privacidad de mis pacientes, pues no me confían sus problemas para que yo los desvele. Debo tener especial cuidado en los asuntos sobre la vida y la muerte. Si tengo la oportunidad de salvar una vida, me sentiré agradecido. 
 Pero es también posible que esté en mi mano asistir a una vida que termina; debo enfrentarme a esta enorme responsabilidad con gran humildad y conciencia de mi propia fragilidad. Por encima de todo, no debo jugar a ser Dios. Recordaré que no trato una gráfica de fiebre o un crecimiento canceroso, sino a un ser humano enfermo cuya enfermedad puede afectar a su familia y a su estabilidad económica. Si voy a cuidar de manera adecuada a los enfermos, mi responsabilidad incluye estos problemas relacionados. Intentaré prevenir la enfermedad siempre que pueda, pues la prevención es preferible a la curación. Recordaré que soy un miembro de la sociedad con obligaciones especiales hacia mis congéneres, los sanos de cuerpo y mente así como los enfermos. Si no violo este juramento, pueda yo disfrutar de la vida y del arte, ser respetado mientras viva y recordado con afecto después. Actúe yo siempre para conservar las mejores tradiciones de mi profesión, y ojalá pueda experimentar la dicha de curar a aquellos que busquen mi ayuda.

A pesar de los cambios que ha sufrido el juramento hipocrático,  podemos decir que los principios de confidencialidad y de actuar en pos del bien del paciente han permanecido invariables.

Article by El Blog de la Salud

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